Junto al fuego se está más caliente. Te quitas los guantes sin dedos y apuntas las manos hacia las llamas, frotándotelas. La botella de alcohol y jugo de mango corre de boca en boca. Hasta los perros se acercan para recibir el calor. Beber da placer y suelta la lengua. Los demás relatan sus anécdotas de siempre y tu también.
Pero beber también trae confusión. Dos de tus compañeros empiezan a discutir cada vez con mayor fuerza. Al final, cada uno saca del cinto su cuchilla oxidada. Ustedes se abren en círculo alrededor de ellos, que quedan enfrentados el uno al otro. El tambor ardiente ilumina la escena dándole un aspecto infernal. No querías que esto sucediera, pero ya que ha sucedido, estás a favor de Jack, que es más viejo en la comunidad. Los otros hacen también sus apuestas: hay en juego media cajetilla de cigarros, una botella de delicioso alcohol etílico y hasta restos de una parrillada envueltos en periódico. También hay una bolsa de nylon de contenido incierto.
Los dos contendientes se miden. Cuando uno da un paso adelante, el otro retrocede, y viceversa. Jack lanza un fuerte golpe de cuchilla, pero el nuevo lo esquiva con gran habilidad. No parece un vago. Los vagos, en general, se mueven con dificultad y casi siempre algún miembro del cuerpo les funciona mal. Ahora es el nuevo el que ataca, alcanzando a Jack en un brazo. Las primeras gotas de sangre caen sobre el alquitrán de la calle. Los perros ladran. Ambos contendientes se trenzan y se desprenden alternadamente. La lucha se prolonga.
De repente, a lo lejos, comienzas a oír el ruido de las sirenas. Algún vecino ha alertado a la policía. Los otros también lo oyen, a excepción de Jack y el nuevo que sangran y luchan enfurecidos, sin hacer caso de nada. Algunos deciden retirarse del lugar a toda velocidad, otros se quedan.
Si decides huir, pasa a la página 17.
Si decides quedarte y apoyar a tu amigo, pasa a la página 10.
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